domingo, enero 21, 2007

Apunte sobre la desnudez


Cada cabeza es un mundo. Llenos de recovecos, extrañas conexiones y toda una serie de patrones conductuales a menudo indefinibles, millares de cerebros humanos han ido recorriendo el extraordinario camino de la Existencia por miles y miles de años, acumulando experiencias e información. Sin embargo siempre hay lugar para los denominadores comunes, quién dijo que no. Obsérvese si no la fascinación que ejerce, desde siempre, la belleza universal del cuerpo humano, representada con toda justicia por el cuerpo de la Mujer.

Cada cabeza es un mundo, veníamos diciendo, y nuestros patrones emocionales incluyen las imágenes idealizadas, construídas con los pedazos de información que nuestra memoria haya ido recolectando a lo largo de nuestro crecimiento. Así es como se vuelve posible el dicho, en gustos se rompen géneros. La belleza es universal, no es algo que responda a los dictados de la moda.

El cuerpo femenino ha sido a lo largo de la historia un objeto de admiración, y su sóla exhibición ha sido, por medio de las pulsiones, capaz de poner en marcha el proceso entero de la Generación. Todas las mujeres son distintas y sin embargo, son todas Una, sostenidas por el Principio de la Dualidad. Y ésta manifestación suprema adornada con el brillo de la belleza debe ser la causante de esa poderosa fuerza de atracción que es su característica.
Sexismos aparte, obsérvese que, a lo largo de la historia ha habido siempre hombres capaces de tallar en una piedra una obra de Arte consagrada a ese Principio, a esa Venus inmutable, a la Venus Eterna, la que subyace en todas las mujeres.


No es que el cuerpo masculino sea feo, de hecho, en tanto que humano, es también poseedor de su propia belleza. Pero su retrato pareciera carecer de la preponderancia de su contraparte. No posee tampoco la abrumadora presencia, ni esa cualidad fascinante.
Incluso en nuestros días, plagados de estereotipos, sigue siendo muy clara la diferencia: en la imágen pública, en la publicidad, en el arte, incluso en la pornografía, el hombre permanece en un papel absolutamente secundario, como corresponde a quien tiene la tarea específica de la Estimulación, la tarea del operario de la más grande entre las Obras de la Creación.
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Cada cabeza es un mundo, decíamos líneas arriba, y nadie escapa a esa regla. Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene, dijo una vez el maestro Juán José Arreola. Y en gustos se rompen géneros, ya lo habíamos dicho. Por ello resulta inútil intentar definir el prototipo de la belleza, porque cada quien la entiende a su modo. Obsérvese, si no, la manera en que un colega cavernícola esculpió en una piedra la imagen perfecta de su Sueño, hace 25 mil años. Si me apuran un poco yo diría que la ausencia de rostro de ésta Venus pareciera expresar la profunda certeza de quien la esculpió, guiado con lo más íntimo de sus instintos, de que la Mujer es una y todas a la vez.
Ahora bien, ya entrados en reflexiones, sería interesante saber de qué modo intervino la famosa Venus de Willendorf en el proceso de la voluntad de éste primigenio artista.



Porque es bien sabido que, aunque sean una Unidad en esencia, todas las mujeres tienen rasgos que las distinguen: eso es parte de su encanto. Y si a todo ello le sumamos lo expresado arriba acerca de la manera propia de entender la belleza que tiene cada quién, quizá podríamos aceptar que ésta, la Belleza, nos es común a tod@s porque es inherente a nuestra humanidad, por encima incluso de aquellas cosas de nosotros mismos que nos desagradan.

En éste espacio celebramos la belleza del Cuerpo Femenino en todas sus formas y manifestaciones. Por ello presentamos aquí éste retrato de una diosa que alguien liberó del marfil hace milenios, con un resultado genial: obsérvese la manera en que el escultor se adelantó cerca de 5 mil años a su tiempo para regalarnos éste singular topless prehistórico, revestido de una gracia digna de ser apreciada...


viernes, enero 12, 2007

Sopa de Ganso



De lo sublime a lo ridículo media un paso, dice el dicho, aunque por desgracia ambos conceptos parecieran desdibujarse en ocasiones, confundiéndose irremediablemente.

Algo parecido debe haber estado rondando por mi mente la noche en que, recargado con los brazos cruzados en un pilar a un lado del escenario de un bar, esperaba que el orden se restableciera para poder continuar con mi trabajo. En el centro, el otro guitarrista de la banda ejecutaba, como cada noche, un número en el que se despojaba de su instrumento para tirarlo al suelo y proceder a arañarlo con una espectacularidad más bien pobre con la que creaba un ruidero infernal que solía sacarme enteramente de mis casillas. Mi cara debe haber sido entonces, como cada noche, una combinación entre un rictus de malestar y una tremenda aburrición, que hizo que el cantante y el bajista intercambiaran miradas y voltearan a verme, divertidos, lo que llamó también mi atención. Si yo hubiera intentado explicarles entonces que los culpables de que yo no apreciara el mísero número que éste aprendiz de bufón estaba ejecutando eran nada menos que los Hermanos Marx, seguramente se habrían quedado sin entender una jota.


Todo comenzó algunos años atrás, antes incluso de que yo tomara la guitarra, cuando abrí la puerta de mi casa y me encontré con uno de mis mejores amigos de la adolescencia, quien llevaba consigo una bolsa de plástico llena de revistas pornográficas que procedió a entregarme con actitud confidencial, diciendo que comenzaba a temer por su salud mental y física, por lo que consideraba que el primer paso en su rehabilitación era deshacerse de todo ese material que durante meses había coleccionado. Algo divertido acepté ayudarle y en cuando pude hacerlo, al fin presa de la curiosidad, me dí a la tarea de revisar un poco el contenido, para darme cuenta de que, aunque había algunas cosas que obviamente llamaron mi atención, se trataba en su gran mayoría de material de segunda: algunas revistas, pósters, recortes, incluso algunos librillos del más bajo kilataje, material para leer con una sola mano.

Pero entre todo ese material me encontré con algo verdaderamente valioso: un artículo entero dedicado a los Hermanos Marx, en donde contaban, y esa fue mi primera referencia de éstos personajes, la ocasión en que les preguntaron si comulgaban con la ideología de Karl Marx, y ellos contestaron que no, pero en cambio se declaraban admiradores de las películas de los Hermanos Lenin. El día de hoy no puedo recordar el título de la revista ni las modelos que en ella aparecían, pero sí cómo éste primer ejemplo de ingenio, extraído de una revista porn, me llevó a conocer más de cerca a éstos grandes artistas.

Su ingenio inigualable, impregnado en sus películas y en todas y cada una de sus historias y sus frases, de las que Groucho Marx, el líder indiscutible del grupo, es el principal responsable, dan cuenta de una existencia disparatada e inteligente ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? dicen que dijo alguna vez. En otra ocasión, declaró: Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro. En la década de los setentas, el hombre del bigote dirigió en televisión un programa delirante, llamado You Bet Your Life, en el que preguntó a una de sus participantes, una mujerona de numerosa descendencia: ¿Por qué y cómo ha llegado usted a tener veinte hijos en su matrimonio? Amo a mi marido, contestó aquella. A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca, replicó el otro alzando las cejas.

Los hermanos Marx eran, como ya lo dije, verdaderos artistas. Músicos de carrera todos ellos (Groucho tocaba, nada menos, la guitarra) que incluso dentro de sus más desquiciados momentos daban cuenta de un gran respeto por la música, como pude constatarlo el día en que ví Sopa de Ganso, la cinta que me enseñó lo que es el virtuosismo bufo. Desde entonces no puedo tragar la simplonada de un instrumentista que toca por atrás de la espalda, o rompe o quema su instrumento sin que medie un motivo poderoso para ello, ni algo verdaderamente bueno resulte de éstos actos de presunta espectacularidad. Incluso hace poco tuve la oportunidad de ver un video en el que una rubia totalmente desnuda toca una simplona melodía sosteniendo con las dos manos un violín mientras sostiene el arco con los pliegues de la vulva, moviendo la cadera hacia atrás y adelante para atacar las cuerdas. La rubia estaba bien, pero la música era terrible, como es lógico suponer, por lo que sin importar lo buena que la chica estuviera, el número era un asco.



No crean que no dudé a la hora de programar el video que ilustra ésta entrada, puesto a elegir entre el de la rubia y el de los Hermanos Marx, pero como aquí se trata de retratar la calidad y de poner las cosas en su lugar, elegí el video de éstos extraordinarios músicos, y decidí dejar que sea Christi Shake, encima de éste texto y a nombre de todas las encueratrices del mundo, quien haga lo que debió haber hecho la rubia del violín, mientras dejamos el virtuosismo bufo en manos de los profesionales.
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Chico y Harpo Marx

martes, enero 09, 2007

Al derecho y al revés


Detengámonos ahora y por un momento en la razón de ser de las palabras, cuya importancia es con frecuencia desestimada, más aún en éstos tiempos de contracciones brutales y extranjerismos que rayan en la barbarie, que despojan a las palabras de su íntimo significado, que les arrebatan su esencia y las convierten en poco menos que simples herramientas de una mermada comunicación.

Porque hubo otros tiempos, quizá mejores, para las palabras, tiempos en que de su combinación exacta se construían las llaves para ingresar a los Templos Sagrados, tiempos en los que incluso la dirección de su lectura indicaba caminos por sí misma.

Los palíndromos, o palindromas, como son también conocidos, son aquellas palabras individuales o frases perfectamente construídas que se leen lo mismo hacia un lado que hacia el otro. Ésto puede parecernos ahora una actividad más bien propia del ocio, pero no parece haber sido así para quien escribió el misterioso palindroma SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS encontrado en los muros de Pompeya, cuyo significado oculto ha sido sesudamente interpretado al paso de los siglos lo mismo como algo similar a "el artesano tiene ruedas para el trabajo" que como un profundo mensaje místico: El Creador tiene las inestables claves de su Obra.

Ejemplos de palindroma son palabras como anilina, y pequeñas combinaciones como luz azul. Frases un poco más complicadas como dábale arroz a la zorra el abad, o aquella otra, la de salta Lenin el atlas, de la autoría del entrañable Julio Cortázar. El maestro Juan José Arreola escribió uno, bellísimo, que reza, Adán se ave, Eva es Nada.

Pero el que sin lugar a dudas me deja atónito por su enorme carga de ingenio, es uno ideado por un chico de menos de diez años de edad, quien en su intento por iniciarse en el complicado ejercicio palindromático creó algo lleno de significados implícitos cuya explicación rebasaría por mucho la mínima cantidad de letras que a él le sirvieron para forjar éste peculiar palíndromo que pongo aquí ahora, para el disfrute del intelecto:
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A veces se ceba

miércoles, diciembre 13, 2006

¿Contundencia?


Privatización, que se privatice todo
Fragmento de Cuadernos de Lanzarote, 1 de septiembre de 1995


"Que se privatice Machu Picchu, que se privatice Chan Chan, que se privatice la Capilla Sixtina, que se privatice el Partenón, que se privatice Nuno Gonçalves, que se privatice la catedral de Chartres, que se privatice el Descendimiento de la Cruz de Antonio da Crestalcore, que se privatice el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, que se privatice la cordillera de los Andes, que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es diurno y con los ojos abiertos.
Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados, entréguese de una vez por todas la explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo...
Y, metidos en esto, que se privatice también a la puta que los parió a todos...


José Saramago

domingo, diciembre 03, 2006

Crónica de una Sucesión


Mañana del primero de diciembre del dos mil seis. El cielo inusualmente despejado de la ciudad es el testigo. Frente al Palacio Nacional y a la Catedral Metropolitana, emblemas del poder político y eclesiástico de la hoy fragmentada república mexicana, cientos de miles de gargantas gritan su descontento:
No somos uno, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien.
La determinación camina entre ésta gente, éstos que no reconocen ni reconocerán jamás a un gobierno nacido de la ilegitimidad, éstos que soportan sobre sus hombros las consecuencias de las crisis económicas, éstos que lo mismo son hoy carne de cañón que mañana carne de encuestas y nunca nada más que simples consumidores, éstos que han padecido la ignorancia, éstos que se han visto arrinconados en más de una ocasión por las armas del Estado, o peor aún, por la ineficiencia de sus gobiernos, éstos cientos y cientos de miles de almas que han aguantado al menos dos fraudes electorales en menos de veinte años.
Sin embargo y a pesar de la rabia no hay vidrios rotos ni gente lastimada. No hay disturbios ni desorden, lo que contradice las mañosas campañas mediáticas que acusan a éstos y a por lo menos quince millones más de ser "violentos", por el simple hecho de haber decidido que nadie más jamás les verá la cara de imbéciles, nunca más.


La marcha, variopinta y bizarra, y hágase el favor de entender en su profundidad éstos dos adjetivos por lo que implican en este discurso, la marcha, recorre las calles. Son los momentos previos a que se consume una Alta Traición en el Palacio Legislativo Federal: las fuerzas de la Reacción están por coronar a su peón, y el pueblo ha salido a manifestar su descontento.

Las fuerzas contrarias lo saben, y han puesto a las tropas en las calles. Por doquier se observa la presencia de gente uniformada, ojos que se mueven furtivamente en la oscuridad, en las calles, en los cafés, en el interior de los cines. Por la noche la ciudad vivió una batalla de baja intensidad y ahora la situación se acerca decididamente a un punto de no-retorno. La medianoche anterior los reaccionarios montaron una siniestra pantomima en la que valiéndose, como es usual en ellos, de los medios de comunicación, mostraron al espurio recibiendo simbólicamente el poder de su predecesor, el agorero del Cambio. Una grave provocación.

Ahora, si la marcha de la gente sigue adelante podría haber un enfrentamiento con las tropas armadas. La tensión es obvia, pero el pueblo lo sabe, ha sido testigo ya del manejo tendencioso de las imagenes en televisión, en donde se les ha tildado de agresores y se les ha etiquetado de todas las formas posibles en las que pueda manifestarse el desprecio y el odio, se les ha condenado y se les ha violentado. Oaxaca es ya tan sólo un botón de muestra, a pesar de lo añejo de su problemática que viene a sumarse a las de todos los estados de la Unión, derivadas del atraso y las consecuencias de la corrupción y ambición de los gobernantes de los años anteriores, que han ido vaciando las arcas y lo han monopolizado todo.

Pero a éstos manifestantes, a éstos inconformes, a éstos renegados ya nadie los engaña, ellos no buscan un enfrentamiento violento, saben que esa no es la ruta, tienen perfectamente claro que en ese nivel no pueden ni deben pelear. Basta por el momento con que los reaccionarios terminen de darse cuenta del lío en que se han metido al enfrentarse con un pueblo cuyas mentes ya no puede controlar, que ya no apoyarán sus estúpidos teletones, ni sus campañas burdas ni a sus ídolos idiotas, nunca más.

Ya en el Palacio Legislativo y tras ínfimos cuatro minutos de ceremonia, que fueron los que duró su presencia en el edificio, el usurpador ha sido investido con la Banda Presidencial entre gritos de protesta y mentadas de madre, nunca suficientes para los tipos de esa calaña. Y así, el Gran Fraude se ha consumado en el México del 2006.

Luego, rodeados por un aparatoso equipo de seguridad, se retiran del recinto el saliente y aquel chaparrito pelón de lentes, que apresuradamente se lleva la Banda Presidencial, sin detenerse, porque por el momento esa será su única bandera aunque esté manchada. Al fin y al cabo, la televisión hace milagros. Ese dicho, será cierto o no, quizá se pregunta el ilegítimo. Alguna vez lo fue, eso es cierto, pero ¿algún día volverá a serlo?

Entre el público asistente a la accidentada ceremonia de cambio de poderes, dos influyentes republicanos estadounidenses se miran discretamente de cuando en cuando, sorprendidos ante lo que ven. El mayúsculo alboroto no fue ni por un poco lo que ellos pensaban encontrar, ellos que están acostumbrados a invadir países y destruir recintos históricos. Está buena la acción, dicen que dijo Schwarzenegger cuando algún reportero mexicano le preguntó su opinión. El famoso governéitor seguramente estaba deseando que alguien lo invitara a recordar sus viejos tiempos y le prestara un AK47 y a un par de indios para practicar al tiro al blanco. George Bush padre, por su parte quizá pensó, mira nomás la clase de alimaña con la que se andaba juntando George junior, viendo al ranchero de Guanajuato y recién estrenado expresichente Vidente Fuck's salirse como tejón por una puerta lateral del Congreso rodeado de guaruras, perseguido por la oposición, en lugar de hacerlo como los verdaderos hombres, a la texana, con mucho ruido de pistolas, mirada fija y penetrante debajo de un sombrero polvoriento y golpeteo de espuelas en la tierra seca.

La mañana del primero de diciembre del dos mil seis el pueblo se detuvo a calles de distancia del Palacio Legislativo de San Lázaro, decidió no seguir adelante con su marcha y así lo manifestó públicamente, para que todos lo escucharan, incluidos los medios vendidos, que ninguna mención hicieron de ésta multitudinaria manifestación, incluidos los miembros de las distintas fuerzas de choque, oficiales y no oficiales, que inundaban las calles y se preparaban para abatirles a punta de plomo y garrote, incluidos también los agentes de Gobernación, los provocadores, los infiltrados y todos aquellos que apoyaron éste fraude, por igual con su silencio que con su aquiescencia y colaboración.
Ahora, la lucha sigue, como lo dijo Zapata, pero ésta vez no requerirá de pólvora ni uso de tanketas, como no sea que de ese modo les quieran obligar a ver los partidos de futbol, las telenovelas o a regalar de confianza un voto más, así sea útil o no. A partir de ahora las cosas cambian: ¡No somos uno, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien! truenan las consignas mientras esos, que han tomado las calles una vez más, proclaman el nacimiento y larga vida de la Cuarta República.

Acuérdate bien, le dicen los renegados al sistema, acuérdate de nosotros mientras consumes tu costoso whisky y aspiras la cocaína de tu soberbia en tus yates pagados con dinero sucio, acuérdate de nosotros mientras respiras, duermes, comes y cojes a nuestras costillas, tú y las 39 familias de sangre azul que te soportan mientras somos nosotros los que soportamos tus estupideces y tu podredumbre:



¡No nos seguirás viendo la cara, nunca más!

miércoles, noviembre 15, 2006

Negocios familiares

No me gusta el futbol. Esa es una de las razones por las que dejé de ver la televisión, harto de las imágenes estereotipadas de sujetos adictos al balompié, cerveceros y machines. Me parece que más allá de las bondades que éste deporte pueda tener en tanto que es un motor de la actividad física, es un factor utilizado como un arma enajenante. Muchos de quienes gustan del fútbol sostienen posiciones marcadamente sexistas para condenar a quienes no son partícipes del mismo gusto, alimentando la homofobia y denigrando al género femenino.

Mi disgusto por el futbol es movido, además, desde mi posición como músico: encuentro irritante la cantidad de atención que se le pone a éste negocio.

Pero además de todo, no lo entiendo.

El caso es que en un país en donde el fútbol posee un lugar tan privilegiado no hay salida, y de vez en cuando hay que soplarse una cascarita.




En el campo, los jugadores del Santos Laguna ejecutan un partido rebosante de güeva. Han venido a la Ciudad de México para ser recibidos por los altos directivos de la Cervecería Modelo, quien los ha recuperado de la barranca luego de un litigio originado por los problemas legales de su antiguo dueño, el ya famoso empresario Carlos Ahumada, quien se encuentra recluído en la cárcel luego de una feroz escaramuza con el líder de la izquierda mexicana. La empresa cervecera los ha retomado al grito de todos con el deporte, aunque por lo avanzado de la temporada es probable que no alcancen ni un último lugar.

Pero es la estrategia. Grupo Modelo es dirigido por personas a las que les gusta estar en todo. Así, las marcas de ésta empresa aparecen en todas partes, lo mismo en un partido de fútbol que en un concierto de rock o en el lacrimógeno Teletón, arma perfecta para dar golpes de pecho, junto a firmas como Grupo Carso del omnipotente Carlos Slim, Bimbo, Danone y Bancomer, empresas que tienen en común, también, estar en la lista de las marcas del boicot, aquellas que se sabe que apoyaron de alguna manera el burdo proceso electoral de julio pasado y siguen cooperando para enterrar las huellas del monumental fraude que se cometió.
Todas éstas marcas están en la cartera de la poderosa agencia de comunicación y publicidad Media Planning que, días después de la cascarita del Santos Laguna, organizó una espectacular fiesta en la colonia Chapultepec para dar a conocer sus estrategias a seguir para incrementar su poder en el mercado. El primer orador de la noche es Pedro Ferriz de Con, la cabeza de Grupo Imagen, quien comienza su intervención con una broma macabra. Hace unos momentos pensaba, dice con su voz aguda, qué es lo que pasaría si de pronto el techo se cayera sobre todos los que estamos aquí, ¿quién se salvaría?

La muchedumbre se agita, descontrolada ante lo escuchado, volviendo la vista al techo señalado, alto y de pétrea construcción.

Se salvaría México, dice Ferriz de Con tras una pausa, y comienza a reir a carcajadas. Una especie de risita malévola recorre también al público. El lugar está lleno con las personas más influyentes en las comunicaciones de éste país. Agencias de medios, medios impresos y radiofónicos, televisión, internet. Muchos están ahí, esa noche. El orador comienza a hablar de los cambios que se avecinan, de las promesas jugosas del mercado. Mucho dinero el que se va a mover, se entiende. Y de refilón, toca el tema político, éste locutor, éste informador, que ahora dice, estuvo cerca la bala, refiriéndose a lo ocurrido con el proceso electoral, regocijándose de lo ocurrido. Todos allí lo hacen, sus intereses fueron puestos a salvo, es lo que se entiende al observarles.



Pero podemos estar tranquilos, continúa el orador: viene lo que podrían ser los mejores seis años de nuestras vidas. Poco falta para que todos se froten las manos, aunque los murmullos aprobatorios hablan por sí solos. Brindemos por la salud de la Famiglia, le ha faltado decir.

Afuera, la noche termina de recorrer con su falda nocturna el cielo de la ciudad. Todos los días se toman importantes decisiones, para las que no es preciso el concurso de las mayorías ignorantes e ignoradas, embobadas con el aliento contaminado de los medios.

A las masas, Pan y Circo. Y deje usted ahí los dineros, que de eso hay quien se encargue...

viernes, noviembre 03, 2006

El Itzcuintli


La penumbra era tan absoluta y densa que parecía ser la responsable de amortiguar el sonido de los pasos de Montaño, que sigilosamente se acercaba a la esquina de la solitaria calle con el mellado machete en la diestra y el sarape desgarrado envolviendo aún su brazo izquierdo, la espalda tiesa contra la pared.

Paró orejas. No había rastro ni señal alguna que le indicara la presencia cercana de persona o animal, aunque el restallar de las balas seguía resonando en sus oídos y el chocar de los afilados machetes parecía seguir rebotando contra las paredes a lo largo de toda la calle.
Miró al cielo. Pronto las nubes abrirían un hueco por el que la luna llena asomaría su sonrisa plateada. Eso lo dejaría al descubierto. Alargó la vista y se encontró con la puerta abierta de un edificio, al otro lado de la calle. Hasta allá había llegado el resplandor del intenso rayo lunar que comenzó a recorrer la larga calle en su dirección, iluminándolo todo. Dio algunas zancadas y entró para ocultarse tras la puerta, con los oídos atentos a dentro y fuera de la vivienda. Luego de un par de minutos de tenso silencio escuchó un silbido lejano que le resultó sumamente familiar. Venía de la calle.
El silbido se repitió tras un breve instante, un poco más cercano. Montaño apretó los dientes en irónica sonrisa:

-Que los federales me agarren y me cuelguen del asta mayor si ese no es mi compadre Remigio.
Asomó la cara y silbó tres veces. La luna se encontraba de nuevo tras las nubes, y la oscuridad era total. Esperó. Nuevamente el silbido anónimo cruzó como un cuchillo el silencio ensordecedor de la calle, como si el emisor estuviera cada vez más cerca. Montaño volvió a silbar mientras apretaba el puño del machete, y ya se preparaba para embestir a un posible enemigo cuando escuchó la voz familiar, ahogada, de Remigio, que avanzaba diciendo ¿Montaño, Montaño, eres tú?

-Que me lleve la fregada, Remigio, pensé que no la habías librado-dijo el aludido jalándolo hacia dentro del edificio. Dónde están los demás, preguntó con la voz enronquecida.

-No los volví a ver luego de la emboscada- contestó el compadre Remigio recargando su carabina en la pared. He andado a salto de mata buscándolo, hasta que por fin lo hallé.

-Tenemos que encontrar a los que queden, reagruparnos y salir de la ciudad para reorganizarnos, los federales no tardan en caer... Montaño no terminó la frase, un ruido a sus espaldas lo interrumpió. Ya comenzaba a levantar el machete cuando Remigio lo detuvo:

-Espérese, compadre, creo que es un animal, tal vez un perro.

En efecto, al final del oscuro corredor un pequeño can los miraba con fijeza, sentado sobre sus cuartos traseros, amigablemente. Los dos hombres callaron, esperando la posibilidad de que de un momento a otro los dueños del animal aparecieran. Tras un par de minutos concluyeron que el pequeñajo no llevaba compañía. Quizá la estaba buscando, cómo saberlo. Eran días aciagos, días de guerra civil, noches de duelo y madrugadas de luto.

El perro estaba quieto. Les observaba en silencio, fijamente. Al fin, se levantó haciendo ademán de retirarse, pero se detuvo y se volvió nuevamente hacia los dos hombres, como si esperara que éstos lo siguieran...


Como movido por una fuerza invisible Montaño se levantó y comenzó a caminar, colgando el machete en su cintura, decidido.
Sorprendido, su compadre Remigio lo miró. Qué hace, compadre- dijo en voz muy baja.
Por toda respuesta Montaño se limitó a mover la cabeza, indicándole seguir hacia el fondo del pasillo.
Tenemos que salir de aquí. Sígueme, Remigio. Tengo la impresión de que por acá es la salida.
Su tono no admitía discusión.
Se conocían desde niños, y si había una persona en la que el bravo Remigio confiara, ese era Montaño. Con mucho cuidado recorrieron el oscuro pasillo, con todos los sentidos en extrema alerta. Al fondo, el minúsculo can les esperaba, impaciente. Al cabo, cuando los vio acercarse, reinició la marcha y desapareció dando la vuelta a la esquina por donde se adivinaba un destello de luz. Era un pequeño pasillo iluminado por velas que marcaban con toda claridad un camino hacia el interior de una casa. Los dos hombres se detuvieron, temerosos. El pequeño animal se detuvo un segundo en la puerta, volvió a mirarles y entró sin detenerse, como si estuviera seguro de que ellos le seguirían.

Montaño miró a su compadre y le dijo:
-Remigio, tú y yo hemos sido como hermanos, hemos estado juntos en las buenas y en las malas... ¿estás conmigo?

Remigio le miró. Entre ellos había un pacto de lealtad, una serie de añejos lazos de amistad y compañerismo, pero también lazos de sangre que les unían desde que María, la hermana de Montaño, había aceptado ser la mujer de Remigio.

-Estamos juntos, compadre- dijo al fin, dispuesto a seguir adelante, acompañando a su mejor amigo como siempre lo había hecho.



La pequeña habitación estaba desierta, iluminada por los cirios de pálida blancura que yacían sobre un altar. Olfatearon un poco y se miraron. Cempasúchil, dijeron casi al unísono. En efecto, las aromáticas flores se encontraban por toda la habitación, rodeadas de papeles de colores. Había una cruz trazada sobre el suelo con ceniza. Se santiguaron.

-Pos a qué estamos hoy- preguntó Montaño.

-¿Qué dices si nos echamos un trago?- dijo Remigio por toda respuesta, tomando una botella de tequila de la mesa.

Montaño lo miró, desaprobando. Pero no podía culpar a su compadre, él también tenía hambre. No podía ni recordar cuánto tiempo llevaba caminando, escondiéndose, enredado en una guerra de la que ya no sabía ni qué esperar, siempre manteniendo la esperanza de refuerzos que nunca llegaban, de despertares que no ocurrían, de cambios que no se producían. Sus puños se abrieron lentamente, sus brazos abandonaron la tensión, y por primera vez en mucho tiempo se permitió sonreír un poco para tomar el vaso que su compadre le extendía. Brindó con él.

-Por la Revolución- dijo Remigio.

Montaño suspiró hondo. La mesa está puesta, dijo Remigio con una enorme sonrisa de satisfacción. ¡Mire, compadre: mole y tortillas!

Montaño sonrió por segunda vez. La tenue luz de las velas parecía llenarle de tranquilidad. Comenzó a embargarle como un aroma lejano el recuerdo de otros días. Miró a Remigio, sus huaraches gastados, sus vestidos ajados. Su pelo, antes negro como la noche, lucía gris del polvo y la pólvora de los caminos, recorridos entre encuentros y desencuentros. Su propio aspecto delataba las miserias de la guerra. Cuánto tiempo llevamos metidos en ésta revolución, pensó. Y para qué. Para qué. Quién se va a acordar de nosotros. Quién seguirá con nuestra lucha.

Ora, compadre, coma, que no le pienso dejar nada- dijo Remigio, interrumpiendo la intensa reflexión de su camarada, su compañero de tropa, su gran amigo. Montaño ya no se hizo del rogar. Mole, arroz, frijoles, manjares exquisitos para quien sabe lo que es el hambre. Tequila, para rematar.

El pequeño can sin pelo que los había guiado hasta la mesa había estado echado en un rincón de la habitación mientras ellos comían, observándolos en silencio. Remigio alargó un brazo y lo tomó. Acarició su lomo terso, sus suaves orejas.

-Oiga compadre, ¿qué no es un itzcuintli este amiguito?

Montaño sonrió por tercera vez al mirar al pequeño y noble animal. Así es, compadre- dijo. Estos perritos son los que conducen a las almas perdidas entre el mundo terreno y el más allá. Eso dice la leyenda.

Con un ágil salto, el itzcuintli se separó de Remigio y se dirigió a la puerta. Allí, se detuvo y volvió a mirarles como lo hiciera antes en el pasillo.

-Compadre, creo que es momento de dejarlo ya, no tenemos nada más que hacer por ésta Revolución. Nuestra tarea ha terminado- dijo Remigio con toda tranquilidad.
Montaño sonrió, asintiendo. Me quitó las palabras de la boca, pensó. Ahora todo quedaba muy claro.
Los dos hombres se miraron y emprendieron la marcha.

En el altar, entre flores de cempasúchil, calaveras de azúcar y cirios luminosos, una larga sonrisa apareció en el rostro de los dos enigmáticos hombres ataviados con ropas antiguas, armados con gastadas carabinas. Y una mueca satisfecha y renovada se posó en los rostros antes adustos en el estático espacio-tiempo de una añeja foto gastada, colocada en el altar de una ofrenda para honrar a los muertos.



viernes, octubre 27, 2006

El Rocanrrol

Uno de los grandes errores de la generación de la época de oro del rocanrrol fue no entender en toda su esencia el significado del juego de palabras Rock & Roll, el que se encuentra inserto en el cableado interior de la expresión, que resulta claro para quien domina el inglés.
Para ilustrar lo anterior digamos que le pedimos a un anglosajón que lea éste famoso juego cacofónico:

Boy ass N'R

Sabemos que a nosotros nos sonará clarito, "voy a cenar", pero para el sujeto de nuestro experimento el sentido no será otro que el que para su cerebro va implícito en lo que está leyendo: Muchacho Culo Ene Erre.

La palabra rocanrrol nunca se cargó de la magia del término anglosajón. En vez, contribuyó a generar una idea peligrosa, se trataba de copiar el original y transcribirlo, aunque el contenido no tuviera sentido. Luego vinieron las fórmulas, las greñas cuidadosamente descuidadas, las coreografías, y los malentendidos, y la creencia de que rocanrrolear estaba más emparentado con el modelo de los jeans y el largo del cabello que con la experimentación acústica en la que ya estaban inmersos los ingleses y los estadounidenses, lo que sirvió como caldo de cultivo para que gente como Los Beatles revolucionaran el modo de hacer, tocar y escuchar música.

El gran error del rocanrrol mexicano de la época de oro fue interpretar al Rock & Roll como una serie de fórmulas preestablecidas, invirtiendo el mensaje original de la corriente, que iba más apuntada hacia el derribamiento de todo esquema y la individualización creativa mediante el trabajo en equipo. El rocanrrol fue en muchos lamentables casos, aunque haya algunos más respetables que otros, una serie de pálidas caricaturas que a la larga lo único que nos regalaron fue un legado de baladas fresonas y algunos baladistas divos, menos preocupados por la evolución de la música que por el culto a su propia personalidad, su propio aspecto y su salud económica.

El Rock & Roll nunca pretendió fincarse, estancarse. Muestra de su evolución es el nacimiento del Pop. Pero todo eso fue más o menos ajeno de éste lado del muro que está por construirse. Aquí se trivializó primero, se le condenó después, y a la larga se le dejó convertirse en materia de chunga y herramienta para la banalidad antes que en plataforma para la creatividad. Y todo ésto como resultado de un mal proceso de digestión lingüística.




Efectivamente, yo era el que tocaba parado el piano según lo pedía el protocolo que venía de los Estados Unidos (...) a mi también me reprendió mi maestra de piano por tan extraña forma de tocar, pero... la moda es la moda...

Pepe Negrete, Los Locos del Ritmo

martes, octubre 24, 2006

Terminator C-106

La historia es tan sencilla, que podría explicarse incluso hasta con el más ramplón de los maniqueísmos.

Una fuerza enfrentando a la otra, mano a mano.
Es la Luz, peleando contra la Oscuridad, en la eterna llama del Equilibrio Universal.
Es la tesis versus su correspondiente antítesis.
Es la Inteligencia, enfrentando con bizarría los continuados ataques de la Ignorancia.

Seres, de todos tipos, imaginables, inconmensurables, inniteligibles, cercanos, reales en sus diversas formas de manifestación, enfrentados por la fuerza de atracción y repulsión que ésta lucha trae consigo.

Guerra, a todos los niveles, y de todas las formas posibles.

Y un buen día la Ignorancia decide una estrategia despiadada, contundente:

La Inteligencia se desarrolla con el Pensamiento, dice.
Condicionemos esa herramienta. Mandaremos un agente a intervenir el Proceso Universal, un troyano.

A poco, aparece el C-106.

Disfrazado como uno de los instrumentos de la Inteligencia, el honorable Compás, herramienta imprescindible para el conocimiento matemático, se dispersó, multiplicado, en las aulas en las que miles y miles de pequeños educandos recibían sus primeras Instrucciones.
El C-106, de manejo inestable, de diseño áspero y partes frágiles, no es una herramienta adecuada para un niño. Los círculos no salían, las puntas se rompían, las patas se doblaban.

Pero para esas jovenes mentes el error no estaría en la herramienta, en éste temible compás. Ni siquiera lo entenderían. Simplemente se quedarían mirando a la hoja, y diciendo no, yo no nací para ésto, yo no soy bueno para las matemáticas, yo, no soy bueno para nada.

Y ahí estaría, en la efectividad del ataque del C-106, el mayor efecto producido por el golpe formidable de la Ignorancia.

Eso pasó hace ya muchos años, suficientes como para que generaciones y generaciones de estudiantes se llevaran instalado éste programa en el subconsciente. Se está trabajando en una cura, pero los efectos pueden no ser reversibles. El compás sigue esparcido por todos los lugares que distribuyen material escolar.

El asunto requiere atención, pero no todo está perdido. Se ha filtrado información suficiente como para comenzar a preparar un contraataque.

Damas y caballeros, les presento al troyano:



sábado, octubre 21, 2006

La noche en la que se perdió el cochino


Sentado contra una piedra, ensordecido, con la espalda tiesa, las manos sucias de lodo y sangre, la suya, que brota copiosamente del rostro ensangrentado por esa bala que pasó rozando su frente alojando para siempre el terror en su mirada, llena de la pavorosa visión de lo ocurrido menos de veinte minutos antes a pocos metros de ahí, cuando vio a sus compañeros volar en pedazos a causa del sorpresivo misil arrojado por ese avión que atravesó el firmamento como un mosquito asesino. Sentado en calma, momentáneo refresco en la refriega, el soldado dijo maldita noche, maldita sea, atrayendo la atención de uno de los suyos, el que le cubrió la espalda a la salida de la trinchera en el lugar de la emboscada, que al escucharle volvió la vista al cielo diciendo qué oscuro está, apretando los dientes, agitada la respiración.

Como la noche en la que se perdió el cochino, dijo el otro con un gesto ausente.
Qué dijiste, preguntó el primero.

Y el soldado descubrió que no sabía lo que había dicho, como si de su interior hubieran brotado las palabras por un impulso indetectable e imperceptible. Es algo que le oí a mi abuela, cuando era niño, dijo recordando tras entornar un poco los ojos y hacer un rápido examen de memoria. Es una historia que le contaron, o de la que fue testigo, no lo sé muy bien.

El otro sonrió, pensando sería bueno escucharla ahora y salirnos un poco de esta vaina, huir a otro lugar, a otro tiempo. Terminó de colocar el cartucho a su rifle y se levantó, ahí, la música seguía y ni modo, ellos eran parte de la orquesta...