viernes, octubre 27, 2006

El Rocanrrol

Uno de los grandes errores de la generación de la época de oro del rocanrrol fue no entender en toda su esencia el significado del juego de palabras Rock & Roll, el que se encuentra inserto en el cableado interior de la expresión, que resulta claro para quien domina el inglés.
Para ilustrar lo anterior digamos que le pedimos a un anglosajón que lea éste famoso juego cacofónico:

Boy ass N'R

Sabemos que a nosotros nos sonará clarito, "voy a cenar", pero para el sujeto de nuestro experimento el sentido no será otro que el que para su cerebro va implícito en lo que está leyendo: Muchacho Culo Ene Erre.

La palabra rocanrrol nunca se cargó de la magia del término anglosajón. En vez, contribuyó a generar una idea peligrosa, se trataba de copiar el original y transcribirlo, aunque el contenido no tuviera sentido. Luego vinieron las fórmulas, las greñas cuidadosamente descuidadas, las coreografías, y los malentendidos, y la creencia de que rocanrrolear estaba más emparentado con el modelo de los jeans y el largo del cabello que con la experimentación acústica en la que ya estaban inmersos los ingleses y los estadounidenses, lo que sirvió como caldo de cultivo para que gente como Los Beatles revolucionaran el modo de hacer, tocar y escuchar música.

El gran error del rocanrrol mexicano de la época de oro fue interpretar al Rock & Roll como una serie de fórmulas preestablecidas, invirtiendo el mensaje original de la corriente, que iba más apuntada hacia el derribamiento de todo esquema y la individualización creativa mediante el trabajo en equipo. El rocanrrol fue en muchos lamentables casos, aunque haya algunos más respetables que otros, una serie de pálidas caricaturas que a la larga lo único que nos regalaron fue un legado de baladas fresonas y algunos baladistas divos, menos preocupados por la evolución de la música que por el culto a su propia personalidad, su propio aspecto y su salud económica.

El Rock & Roll nunca pretendió fincarse, estancarse. Muestra de su evolución es el nacimiento del Pop. Pero todo eso fue más o menos ajeno de éste lado del muro que está por construirse. Aquí se trivializó primero, se le condenó después, y a la larga se le dejó convertirse en materia de chunga y herramienta para la banalidad antes que en plataforma para la creatividad. Y todo ésto como resultado de un mal proceso de digestión lingüística.




Efectivamente, yo era el que tocaba parado el piano según lo pedía el protocolo que venía de los Estados Unidos (...) a mi también me reprendió mi maestra de piano por tan extraña forma de tocar, pero... la moda es la moda...

Pepe Negrete, Los Locos del Ritmo

martes, octubre 24, 2006

Terminator C-106

La historia es tan sencilla, que podría explicarse incluso hasta con el más ramplón de los maniqueísmos.

Una fuerza enfrentando a la otra, mano a mano.
Es la Luz, peleando contra la Oscuridad, en la eterna llama del Equilibrio Universal.
Es la tesis versus su correspondiente antítesis.
Es la Inteligencia, enfrentando con bizarría los continuados ataques de la Ignorancia.

Seres, de todos tipos, imaginables, inconmensurables, inniteligibles, cercanos, reales en sus diversas formas de manifestación, enfrentados por la fuerza de atracción y repulsión que ésta lucha trae consigo.

Guerra, a todos los niveles, y de todas las formas posibles.

Y un buen día la Ignorancia decide una estrategia despiadada, contundente:

La Inteligencia se desarrolla con el Pensamiento, dice.
Condicionemos esa herramienta. Mandaremos un agente a intervenir el Proceso Universal, un troyano.

A poco, aparece el C-106.

Disfrazado como uno de los instrumentos de la Inteligencia, el honorable Compás, herramienta imprescindible para el conocimiento matemático, se dispersó, multiplicado, en las aulas en las que miles y miles de pequeños educandos recibían sus primeras Instrucciones.
El C-106, de manejo inestable, de diseño áspero y partes frágiles, no es una herramienta adecuada para un niño. Los círculos no salían, las puntas se rompían, las patas se doblaban.

Pero para esas jovenes mentes el error no estaría en la herramienta, en éste temible compás. Ni siquiera lo entenderían. Simplemente se quedarían mirando a la hoja, y diciendo no, yo no nací para ésto, yo no soy bueno para las matemáticas, yo, no soy bueno para nada.

Y ahí estaría, en la efectividad del ataque del C-106, el mayor efecto producido por el golpe formidable de la Ignorancia.

Eso pasó hace ya muchos años, suficientes como para que generaciones y generaciones de estudiantes se llevaran instalado éste programa en el subconsciente. Se está trabajando en una cura, pero los efectos pueden no ser reversibles. El compás sigue esparcido por todos los lugares que distribuyen material escolar.

El asunto requiere atención, pero no todo está perdido. Se ha filtrado información suficiente como para comenzar a preparar un contraataque.

Damas y caballeros, les presento al troyano:



sábado, octubre 21, 2006

La noche en la que se perdió el cochino


Sentado contra una piedra, ensordecido, con la espalda tiesa, las manos sucias de lodo y sangre, la suya, que brota copiosamente del rostro ensangrentado por esa bala que pasó rozando su frente alojando para siempre el terror en su mirada, llena de la pavorosa visión de lo ocurrido menos de veinte minutos antes a pocos metros de ahí, cuando vio a sus compañeros volar en pedazos a causa del sorpresivo misil arrojado por ese avión que atravesó el firmamento como un mosquito asesino. Sentado en calma, momentáneo refresco en la refriega, el soldado dijo maldita noche, maldita sea, atrayendo la atención de uno de los suyos, el que le cubrió la espalda a la salida de la trinchera en el lugar de la emboscada, que al escucharle volvió la vista al cielo diciendo qué oscuro está, apretando los dientes, agitada la respiración.

Como la noche en la que se perdió el cochino, dijo el otro con un gesto ausente.
Qué dijiste, preguntó el primero.

Y el soldado descubrió que no sabía lo que había dicho, como si de su interior hubieran brotado las palabras por un impulso indetectable e imperceptible. Es algo que le oí a mi abuela, cuando era niño, dijo recordando tras entornar un poco los ojos y hacer un rápido examen de memoria. Es una historia que le contaron, o de la que fue testigo, no lo sé muy bien.

El otro sonrió, pensando sería bueno escucharla ahora y salirnos un poco de esta vaina, huir a otro lugar, a otro tiempo. Terminó de colocar el cartucho a su rifle y se levantó, ahí, la música seguía y ni modo, ellos eran parte de la orquesta...