martes, agosto 22, 2006

¡Soy Feliz, pregúntame cómo!


La respuesta es sencilla: dejé de ver televisión. Y lo increíble es que lo único que hice fue dejar de sintonizar por un par de semanas esa basura y listo, la felicidad y la calma volvieron a mí. No estoy más a merced del manejo "informativo" de los programas televisivos conducidos por esa gente miserable y ruin, ni soy blanco de sus estúpidos anuncios, ni de los ridículos comediantes, ni presa de esa música chatarra, asquerosa y frívola.
Pero lo mejor: he tenido tiempo libre. No es que antes viera mucha televisión, pero sobre todo con el proceso electoral estuve muy metido en ello, observando el pulso del país a través de tele, radio y periódicos, hasta que me harté asqueado de ver a los medios, casi en su conjunto, alinearse a la derecha para ensuciar los esfuerzos de la coalición de la izquierda, y convirtiendo los justos reclamos de un amplio -y nutrido- sector de la población en poco más que los histéricos gritos de algunos cuantos. Tienen intereses, eso es claro, y no están donde está la gente. Así que me dio por preguntarme:

¿Qué pasaría si la gente apagara su televisión?

Me explico: Decidí recurrir a un experto en el tema, y le escribí a uno de los más reconocidos especialistas en medios: Alvaro Cueva, y lo hice en los siguientes términos:

Estimado Álvaro (blablablá, me salto la introducción por motivos de espacio) ¿Qué pasaría si la gente le cobrara la factura (a los medios) y, del mismo modo en que los medios les aplican la Ley del Innombrable, la de "ni te veo, ni te oigo", quince millones de personas apagaran su televisión y le dieran la espalda a quien les está dando la espalda en primer lugar? Si se diera el caso, y la gente lograra ponerse de acuerdo en no volver a ver la televisión, sería percibido como una protesta genuina y determinante?


Un día después obtuve la siguiente respuesta:


Estimado Gabriel: ¿Te parece si intercambiamos comentarios de esto la próxima semana? Ayer caí agripadísimo y no me siento nada bien. Saludos, Álvaro Cueva.


Ha pasado casi una semana, y nada. No quiero pensar que mi pregunta fue la causante del malestar de Alvaro Cueva, así que, mientras me contesta, pienso que sería bueno reflexionar en lo interesante que sería darle a la televisión una verdadera y contundente patada en el trasero. A lo mejor, un día nos encontramos con que las niurcas y los bobis, los origeles y las chapois, los denigris, los nacademios, los cibernéticos, los errebedés, los kagüachis, los mascabróders y los lopesdórigas se han ido a la mierda, y en su lugar tenemos una televisión comprometida con la calidad y no con lo que ellos, en la estupidez de quien cree que todos son de su condición, consideran que es el "gusto del público".

2 comentarios:

Américo del Río dijo...

Bróder, excelente, el espacio de nuestra existencia que nos quita la televisión, y más la mexicana, es un crimen mayúsculo. Pensemos más, sí señor.

Grandes escritos, hermano, grandes textos, te felicito y me enorgullezco.

Un abrazote

Grimalkin el Bardo dijo...

Totalmente de acuerdo. Y lo más enojoso es que tenemos una televisión que con una mano oscurece la vida nacional, nos llena de mentiras y frivolidades, y con la otra "hace el bien, y propugna por una mejor sociedad". Son una vergüenza.

Gracias por tus palabras, mi hermano.