sábado, agosto 26, 2006

Los Ricos También Lloran


La anorexia es un trastorno de la alimentación muy común en adolescentes, junto con la bulimia y el comer compulsivamente, y sus consecuencias pueden incluso ser mortales. Las causas suelen ser de tipo emocional, propias de una sociedad que sobrevalora la imagen mientras ataca constantemente la autoestima de las personas.

Como podemos ver, todo el mundo puede ser una víctima de la televisión y los medios en general aún sin darse cuenta, aunque no todos se manifiestan de la misma manera. Mientras algunos bloquean calles, hay quien tiene el poder de armar costosas campañas sociales patrocinadas por marcas como Samsung, Volvo y Tout Chocolat, con frases dramáticas en inglés riguroso, en grandes salones llenos de gente bonita, pero con problemas (éste padecimiento ataca más a las chicas de éste sector, que están más preocupadas por su aspecto y por la moda, me explicó alguien en el interior del Museo Casa de La Bola, mientras yo disfrutaba de un Martini Mango bastante dulce, rodeado de chicas nice)
Paradójicamente la campaña emprendida por la Fundación Ellen West, llamada así en recuerdo de la poetisa austriaca del mismo nombre que murió en la década de los treintas de bulimia nerviosa, es apoyada por íconos de la televisión y del mundo del modelaje, como las chicas del grupo Ha-ash, Andrea Torre, las Jeans, o Michelle Salas, cuya gran contribución a la cultura nacional es ser hija de Luis Miguel. Es decir, por las mismas personas que promueven las causas de éstos problemas. Éstos golpes de pecho que revelan gravísimas contradicciones son típicos de nuestra sociedad.

Antes de dar inicio a la presentación oficial de la campaña "Valora tu Autoestima" cuya importancia social no podemos negar, una mujer tomó el micrófono y nos hizo saber que íbamos retrasados porque algunas personas estaban teniendo problemas para llegar debido a, y aquí hizo una pausa en donde pareció quebrársele la voz, "nuestra bellísima avenida Reforma, que está bloqueada". Diablos. Los canapés en las charolas y el vino perdiendo su cuerpo: mal momento para protestar contra algo tan trivial como un fraude electoral, bloqueando avenidas, pensé.

En fin, aunque restrictivo y clasista de origen, el esfuerzo de la Fundación Ellen West contra la anorexia y la bulimia debe ser apreciado por representar una tabla de salvación para muchas adolescentes atrapadas en éstas patologías, y observarse por lo menos como la muestra de uno de los muchos problemas que enfrenta nuestra dividida sociedad de cara al futuro inmediato.

martes, agosto 22, 2006

¡Soy Feliz, pregúntame cómo!


La respuesta es sencilla: dejé de ver televisión. Y lo increíble es que lo único que hice fue dejar de sintonizar por un par de semanas esa basura y listo, la felicidad y la calma volvieron a mí. No estoy más a merced del manejo "informativo" de los programas televisivos conducidos por esa gente miserable y ruin, ni soy blanco de sus estúpidos anuncios, ni de los ridículos comediantes, ni presa de esa música chatarra, asquerosa y frívola.
Pero lo mejor: he tenido tiempo libre. No es que antes viera mucha televisión, pero sobre todo con el proceso electoral estuve muy metido en ello, observando el pulso del país a través de tele, radio y periódicos, hasta que me harté asqueado de ver a los medios, casi en su conjunto, alinearse a la derecha para ensuciar los esfuerzos de la coalición de la izquierda, y convirtiendo los justos reclamos de un amplio -y nutrido- sector de la población en poco más que los histéricos gritos de algunos cuantos. Tienen intereses, eso es claro, y no están donde está la gente. Así que me dio por preguntarme:

¿Qué pasaría si la gente apagara su televisión?

Me explico: Decidí recurrir a un experto en el tema, y le escribí a uno de los más reconocidos especialistas en medios: Alvaro Cueva, y lo hice en los siguientes términos:

Estimado Álvaro (blablablá, me salto la introducción por motivos de espacio) ¿Qué pasaría si la gente le cobrara la factura (a los medios) y, del mismo modo en que los medios les aplican la Ley del Innombrable, la de "ni te veo, ni te oigo", quince millones de personas apagaran su televisión y le dieran la espalda a quien les está dando la espalda en primer lugar? Si se diera el caso, y la gente lograra ponerse de acuerdo en no volver a ver la televisión, sería percibido como una protesta genuina y determinante?


Un día después obtuve la siguiente respuesta:


Estimado Gabriel: ¿Te parece si intercambiamos comentarios de esto la próxima semana? Ayer caí agripadísimo y no me siento nada bien. Saludos, Álvaro Cueva.


Ha pasado casi una semana, y nada. No quiero pensar que mi pregunta fue la causante del malestar de Alvaro Cueva, así que, mientras me contesta, pienso que sería bueno reflexionar en lo interesante que sería darle a la televisión una verdadera y contundente patada en el trasero. A lo mejor, un día nos encontramos con que las niurcas y los bobis, los origeles y las chapois, los denigris, los nacademios, los cibernéticos, los errebedés, los kagüachis, los mascabróders y los lopesdórigas se han ido a la mierda, y en su lugar tenemos una televisión comprometida con la calidad y no con lo que ellos, en la estupidez de quien cree que todos son de su condición, consideran que es el "gusto del público".

domingo, agosto 13, 2006

Milenio, a la lista negra

El problema de que seamos un pueblo que lee poco está en que fácilmente podemos ser presa de quienes saben usar el lenguaje. Un claro ejemplo está en el uso de los signos de puntuación y demás aditamentos gramaticales de que está revestida nuestra lengua.

Hay quienes hablan y refuerzan lo que dicen poniendo comillas con los dedos, como quien dice, y aquí imaginemos el ademán que se hace con ambas manos extendidas hacia arriba y doblando rítmicamente los dedos índice y medio de cada mano, a la altura de las orejas: "entrecomillando verbalmente". Hay gente que confunde las marcas y dice cosas como, entonces estaba Juan, entre paréntesis, trabajando.

El caso es que todos esos signos revelan emociones e intenciones. Por eso fue que decidí cancelar mi suscripción al diario Milenio. Porque me harté de leer artículos en donde se entrecomillan palabras clave, siempre en boca de Andrés Manuel López Obrador, insinuando que sus palabras siempre son supuestos, amparados probablemente en la verdad de que el tribunal federal electoral (con minúsculas, faltaba más) aún no ha dado el fallo que decide quién será el presidente electo de México. Pero cuando se trata de Fecal ponen las notas dando por sentado que ya ganó, con minuciosidad y precisión. Tal desproporción no puede ser otra cosa que una provocación. Por eso mandé a la mierda al Milenio, por eso y porque me cansé de leer errores de estilo que rayan en lo estúpido, porque me cansé de leer a sus editorialistas, la gran mayoría de los cuales son una caterva de imbéciles, me cansé de lo que seguramente es la peor sección de espectáculos de todo el continente, pero sobre todo, me cansé de Carlos Marín.

Po eso, a la mierda con Milenio Diario.

viernes, agosto 11, 2006

Moderasco


O el rock, como lo entiende la Derecha.

La televisión es un juguete, las estaciones de radio, la prensa, son también juguetes que están ahí para el divertimento del ocioso y del mezquino con dinero y pedigree suficientes. El mundo entero es un juguete para el junior con mucha lana y poco seso, mejor aún si su papá tiene las llaves para abrir las puertas del salón de juegos, del estudio de grabación, para inventarse que se es un ídolo, para creerse músico y emprender la misión de "salvar al rock" (de quién, de quiénes?).

Moderatto comenzó como una broma de malo, pésimo gusto, y lo sigue siendo, aunque muchos, ellos incluídos, parecen tomárselo muy en serio. Hace cerca de cinco años, cuando estaban comenzando su show, mucha gente se descontroló con el asunto, decían, el cha de fobia y uno de los microchips armaron una banda de rock y para entrevistarlos tienes qué seguirles el juego, si no no te contestan porque están muy metidos en su papel. Y así era, se llegaba con ellos y todo era pose, había que seguirles el juego o no daban entrevista. Por supuesto que todos los medios, incluso los que se decían serios. se alinearon y les ayudaron a mantener la babosa historia con la que se presentaron: al grito de Nuestra-misión-es-salvar-al-rock, ni más, ni menos.

Pero la realidad era que la banda era muy mediocre, su primer video, de un cóver de la anodina canción Isabel que hiciera famosa el no menos infumable Luis Miguel era terrible, pero el sonido era aún peor, los músicos hacían lo que podían, pero la voz del microchip tiraba al traste con todo el número. Sin embargo, los medios estaban alineados y no sólo les seguían el juego, sino que alentaban en sus espacios la idea de que se trataba de una banda "de verdad", y no el experimento de un grupúsculo de televisos que, una vez posicionados, acabarían por monopolizar para sí mismos y en detrimento de la música, el uso de estudios de grabación y medios de difusión, ayudando a mantener cerrados los espacios para las propuestas genuinas.

Por otro lado, lo ridículo de su propuesta no dejaba resquicio para el más mínimo respeto: su idea de salvar al rock era vestirse como Skid Row y demás exponentes del glam rock anglosajón (explotando su herencia de memoria aspiracional, de gente alienada por el american dream) y tocar así vestidos canciones de Parchís y Timbiriche, y otros exponentes de lo peor de la cultura de la televisión, lo mismo que hizo ese seudotrovador llamado Nicho Hinojosa.

Para Moderatto el rock era solo un accesorio, la música les importaba poco, se trataba de copiar, por enésima vez, un modelo prestado, en éste caso de grupos como The Darkness, tal y como hicieron los roqueros mexicanos en los sesentas.
Pero lo peor no fue eso: porque en un país dominado por las mafias es lógico tener bandas de rock de éste nivel. El problema está en la gente que compró la mentira.

martes, agosto 08, 2006

Tocando con la Resistencia


El asunto fue simple. Se trataba de ir a ras de suelo por entre los miles de personas que acampan en el Paseo de la Reforma y tocar, como una muestra de adhesión al movimiento de protesta por las acciones con que la derecha radical está tratando de mantener su poder. Se trató, además, de hacerlo al grito de "yo también soy un peligro para México: ésta música no está avalada por Televisa ni por Televisión Azteca" (lo cual implica que Gaspar Sanz, Mateo Carcassi, Federico Moreno Torroba, Antonio Lauro, y todos los demás compositores de música para guitarra lo son, también)
Y que conste mi testimonio para decir que aunque los fanáticos de la ultraderecha lo nieguen, en ese campamento abunda la gente buena.